¿Qué provoca angustia o crisis en niños con TEA?
A veces, los niños con TEA parecen reaccionar "de la nada". Un minuto todo parece estar bien y, al siguiente, están llorando, gritando o sufriendo una crisis.
La razón puede no ser evidente de inmediato. Es posible que su hijo esté abrumado, que encuentre algo demasiado difícil o que tenga problemas para comunicar una necesidad. Exploremos algunos desencadenantes comunes para que sea más fácil identificar qué puede estar molestando a su hijo cuando tiene una reacción fuerte.
Sobrecarga sensorial
Muchas personas con autismo son particularmente sensibles a ciertos sonidos, imágenes, texturas u olores. Los ruidos fuertes, las luces brillantes, los lugares concurridos, la ropa que pica o los olores fuertes pueden resultar abrumadores o incluso dolorosos para alguien con sensibilidad sensorial y pueden provocar una reacción fuerte.
Cambios en la rutina
Muchos niños con autismo prosperan con un horario predecible. Cuando ocurre algo inesperado, como la cancelación de una salida, la ausencia de su profesor favorito o un cambio en su ruta habitual de regreso a casa desde la escuela, puede resultarles difícil de manejar.
Dificultad para comunicarse
A veces, un niño puede intentar decirle algo pero le resulta difícil expresar lo que necesita. Puede tener hambre, miedo, frustración o dolor, y le cuesta hacerse entender. Su comportamiento puede ser una señal de angustia, incluso cuando no puede explicarlo con palabras.
Emociones intensas
Cuando un niño se enfrenta a algo importante o que le da miedo, como una cita con el médico o el primer día de escuela, puede sentirse abrumado. Incluso un día largo y ajetreado puede hacer que sea más difícil afrontar cosas que normalmente son manejables.
Necesidades físicas
A veces, el desencadenante es una necesidad física básica o una incomodidad. A un niño que está cansado, hambriento o enfermo le resultará más difícil sobrellevar las cosas, igual que a cualquier otro niño.
Puede llevar tiempo aprender qué provoca la angustia de su hijo. Pregúntele qué le molestó cuando se sienta preparado y busque patrones: ¿las crisis ocurren después de una tarde ruidosa? ¿Cuando los planes cambian sin previo aviso? ¿O ocurren más a menudo cuando su hijo tiene hambre o está cansado?
No podrá evitar todos los momentos difíciles. Pero cuanto más entienda qué es lo que abruma a su hijo, más fácil será apoyarlo y, a veces, incluso evitar que una situación se intensifique desde el principio.
