¿Es el autismo una discapacidad?
El autismo está clasificado clínica y legalmente como una discapacidad del neurodesarrollo.
Se define así porque está determinado por diferencias cerebrales que pueden influir en la forma en que una persona se comunica, aprende e interactúa con el mundo que la rodea. Dado que el autismo es un espectro, el nivel de apoyo que alguien necesita puede variar enormemente. Algunas personas autistas llevan vidas totalmente independientes, mientras que otras requieren un apoyo significativo, que incluye supervisión y cuidados constantes.
En el estado de Nueva York, el autismo está incluido en la definición legal de discapacidad del desarrollo. Para cumplir con esta definición, la condición debe manifestarse antes de los 22 años, se espera que dure toda la vida y debe generar lo que la ley denomina una "limitación sustancial" en el funcionamiento diario. En términos prácticos, esto significa que la discapacidad afecta significativamente la capacidad de una persona para realizar sus actividades cotidianas sin ayuda.
Aunque el autismo es un diagnóstico médico, muchas personas lo ven a través del prisma de la neurodiversidad, que considera el autismo como una variación natural de la neurología humana y no como una enfermedad que deba curarse. Desde este punto de vista, el autismo es una "variación natural" en la forma de experimentar el mundo, a menudo acompañada de fortalezas notables en áreas como el pensamiento, la concentración profunda, la atención al detalle y una memoria excelente.
Para muchas personas autistas, el autismo es también una parte importante de su identidad. Describir el autismo como una discapacidad no tiene una connotación negativa; al contrario, ayuda a garantizar que las personas estén protegidas por la ley y puedan acceder a los apoyos y servicios que necesitan. Estas protecciones ayudan a cerrar la brecha entre la forma única de pensar de una persona y un mundo que no siempre fue diseñado teniendo en cuenta esas diferencias.
