El diagnóstico de la discapacidad intelectual y del desarrollo (DID) se realiza mediante una combinación de evaluaciones.

Para recibir un diagnóstico de discapacidad intelectual, una persona debe presentar:

  • un funcionamiento intelectual inferior al promedio
  • limitaciones significativas en la conducta adaptativa en una o más de las siguientes áreas: habilidades conceptuales, sociales o prácticas.
  • el inicio de la afección antes de los 22 años.

El funcionamiento intelectual se evalúa mediante pruebas de coeficiente intelectual (CI). La conducta adaptativa se analiza a través de herramientas estandarizadas como el Sistema de Evaluación de la Conducta Adaptativa (ABAS, por sus siglas en inglés), que examina la capacidad de una persona para comprender señales sociales, comunicarse con claridad, gestionar tareas básicas de autocuidado o quehaceres, y realizar actividades cotidianas.

También se suele recurrir a la opinión de padres, maestros y otras personas que interactúan regularmente con el niño para evaluar sus habilidades adaptativas.

La identificación temprana de la DID es fundamental. Abre la puerta a intervenciones oportunas, apoyo y estrategias de desarrollo de habilidades que pueden ayudar a las personas a llevar vidas más independientes y plenas.

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